Medellín, 10 de octubre de 2025.
En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, la Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA) abrió un espacio de reflexión y encuentro para docentes, centrado en el bienestar emocional y el autocuidado en la práctica educativa.
Yolanda Pino Rúa, docente investigadora de la Fundación CINDE, presentó la ponencia “La lúdica como dimensión vital: cuidado y creación”, una invitación profunda a redescubrir el sentido del juego, la alegría y el disfrute como pilares del equilibrio humano y del quehacer pedagógico.
“Requiere más coraje la alegría que la pena”, recordó Pino, citando a Galeano al iniciar su intervención. “Estamos acostumbrados al dolor, pero el reto está en recuperar el tiempo y el espacio para lo lúdico, como un acto de resistencia y esperanza”.
Durante su exposición, Pino planteó la lúdica como una dimensión antropológica fundamental, históricamente marginada por modelos sociales y educativos centrados en el trabajo, la productividad y el sufrimiento.
En sus palabras:
“Los seres humanos necesitamos del juego, del ocio consciente y de la risa tanto como del conocimiento; son experiencias que nos devuelven a la creación, a la libertad y a la alegría”.
Recomendaciones para el bienestar docente y la transformación educativa
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Recuperar el tiempo para lo lúdico
En una época marcada por el exceso de trabajo, dedicar tiempo al juego, la conversación o el ocio consciente es un acto de resistencia y autocuidado. - Reconectar con la alegría como fuerza vital
Inspirada en Eduardo Galeano, Pino recordó que “requiere más coraje la alegría que la pena”. Propuso que el bienestar emocional docente pasa por recuperar la alegría y la risa como prácticas cotidianas, no como escapes, sino como formas de habitar la esperanza. - Cultivar territorios lúdicos en la escuela
La escuela se convierte en un verdadero territorio lúdico cuando promueve el humor, la experimentación, el vínculo y la conversación. Estos elementos fortalecen la convivencia y estimulan aprendizajes significativos. - Revalorizar los vínculos y las conversaciones
Entender la conversación como una práctica lúdica liberadora que permite el encuentro, la escucha y la creación colectiva. Generar espacios lentos, sin la presión del tiempo, donde docentes y estudiantes puedan pensar, sentir y crear juntos. - Reconocer el propio “ser lúdico”
Abrazar la dimensión lúdica personal, aquella parte que se atreve a reírse de sí misma, a imaginar y a experimentar sin miedo al error. - Enseñar desde el gozo y la imaginación
Enseñar en conexión con la dimensión lúdica no significa solo enseñar jugando, sino hacerlo desde el disfrute y la curiosidad. Pino recordó que los maestros que se reconectan con su propia creatividad descubren nuevas maneras de enseñar y acompañar. -
Practicar la resistencia lúdica
Convertir el juego, la risa, el arte y la conversación en actos cotidianos de resistencia ante el agotamiento, la apatía y el aislamiento.
Estos escenarios de participación y coconstrucción colectiva reafirmaron una convicción profunda: la salud mental del magisterio no es un asunto individual, sino una responsabilidad política del sistema educativo.
Cuidar la mente y el corazón de quienes enseñan es garantizar el derecho a una educación con sentido humano. En tiempos de sobrecarga y deshumanización institucional, defender la alegría docente también es una forma de transformar la política educativa.